Entre la obviedad y el despropósito

Las noticias de psicología y neurociencia de los periódicos a menudo son pastiches de obviedades, medias verdades y sentido común. En otras ocasiones ni eso.

En El Mundo, publican un perfil psicológico de Gadafi, en el que se indica que presenta un cuadro paranoide y megalomaniaco. El dictador desconfía de todo el mundo, incluso de los más cercanos debido a una manía persecutoria y su discurso heroico es una muestra indudable de lo mal que está.

Como dice la frase popular: “No es paranoia si de verdad te persiguen”. Los mismos que ayer le adulaban y dejaban visitar medio mundo como una super estrella hoy piden juicios y sanciones. La población subyugada durante años se ha levantado en armas para derrocarlo. Después de bombardear indiscriminadamente, no creo que le queden demasiados amigos en el pueblo llano. La mitad de su antiguo gabinete ha desertado y propone un gobierno de transición que pasa porque el dictador desaparezca. El ministro del Interior y jefe del ejército ha dejado su cargo y ha pedido a Gadafi que se vaya. Hasta Obama se lo ha exigido.

¿Paranoia? No creo que sea el único que piensa que Gadafi encontrará la muerte como el César, de mano de uno de sus más cercanos seguidores, cuando no tengan otra salida o antes. La megalomanía es indiscutible, pero no creo que sea algo tan extraño cuando has pasado dos tercios de tu vida viviendo en la opulencia más absoluta, con el poder para moldear la realidad para que se ajuste a tus deseos.

¿Hasta donde va a llegar esta ola de levantamientos populares? ¿Cuantos lideres respetados van a pasar a ser unos tarados perseguibles en medio mundo? ¿Qué va a pasar ahora que comienzan a producirse altercados en China? ¿Y las revueltas obreras en Wisconsin? Cuando arranca la rueda, la inercia hace su trabajo.

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Twitter y el final de Operación Triunfo

Ayer se emitió el último programa de Operación Triunfo tras diez años de emisión. El programa tenía tan poco éxito últimamente que decidieron cancelar la temporada cuando sólo llevaban emitidas dos o tres semanas. Después de años sin verlo algunos detalles me parecieron surrealistas. El sonido era medio horripilante. La voz de Pilar Rubio sonaba enlatada, apagada y no me recordaba para nada a la de SLQH. Sonaba hueca.

Twitter había hecho su incursión en el programa: desde la grada un grupo de gente muy moderna monitorizaría su hashtag, #vivaot, para sacar lo mejor de la red en este último programa (sic). En la pantalla, los tuits habían sustituido a los tradicionales mensajes de texto mientras el tema se convertía en Trending Topic mundial. La verdad es que hacía tiempo que no veía tal chorreo de actualizaciones sobre ningún tema, tantas que no daba ni tiempo a leerlas.

Tres horas después tres chicos pasaron a la final y ganó uno de cualquiera, alcanzando la fama del OT más efímero de la historia, el que se hundió antes de arrancar. Nina dijo que OT había exportado el mensaje de que con el esfuerzo y el tesón se consigue el éxito. Teniendo en cuenta que Gran Hermano sigue campando a sus anchas por la parrilla de Telecinco, no se hasta que punto no ha triunfado el mensaje del pelotazo: vaguear en una casa, discutir y posar en Interviú.

El premio se repartió entre todos, en forma de posibilidad de grabar algunos temas para ser publicados en todas las plataformas online. Aquí llegó el cambio de paradigma. Ya no se graban discos para ser vendidos en Carrefour ni se lanzan campañas demasiado potentes. Se preparan dos o tres temas, se cuelgan en iTunes y a ver quien tiene gancho para vender. Minimizan la inversión y si alguno queda resultón, siempre se le puede ofrecer algo más grande después.

¿Por qué no cuajó OT ni creo que cuaje más? Creo que el público del programa ha sido mayoritariamente adolescente o joven. Cuando el programa empezaba, arrancaba el boom de los SMS y todo el mundo veía supermoderno poder interactuar con la tele enviando sus mensajitos. Proporcionaba interactividad, hacía a la gente sentirse parte de algo común, más grande.¿Y ahora? Los jóvenes no saturan las lineas enviando SMS a 1,5 EUR conociendo muchos otros métodos para comunicarse mucho más rápidos y ágiles, que evidentemente no dejan ni un duro a la productora del programa. Tuenti, Facebook, Twitter, cualquiera vale para poder expresarse, para mostrar sus preferencias entre conocidos. Lo que antes era algo moderno hoy parece lento y cada vez se perciben más los filtros entre lo que se envía y se publica. ¿Para qué enviar y que alguien seleccione lo que se puede decir?

Los mensajes anónimos ya no se llevan. Es como si importara tanto hoy en día lo que se dice como quién lo dice. De ahí surge la importancia de publicar el tuit completo en TV y poder ganar unos cuantos seguidores más, gente con nombre que acaba siendo irónicamente un número anónimo más.

La propuesta de Dolors Reig en Twitter me resultó mucho más coherente: mover OT a una plataforma online en la que los ingresos se produjeran a través de la publicación embebida y no a través de la comunicación en forma de votos telefónicos. Con menores gastos de producción y aprovechando el tirón de la marca podrían reflotar el formato, si es que tiene sentido. Ha funcionado con Eurovisión, que pasó de la intrascendencia a estar en boca de la gente, por más anacrónico resulte hoy en día. Habrá programas como el propio Gran Hermano, el Gato al Agua o los horóscopos nocturnos que puedan seguir alimentandose de llamadas, pero para el público más joven, lo veo una batalla perdida.

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